Santiago de Chile, 13 de abril, 2026/ La Red de Acción en Plaguicidas de Chile (RAP-Chile), junto a diversas organizaciones ambientales, de agricultores, apicultores y de consumidores, expresó profundas críticas al proceso impulsado por el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) en torno a la regulación de cultivos obtenidos mediante tecnologías como CRISPR/Cas9, conocidas internacionalmente como Nuevas Técnicas Genómicas (NTG). A juicio de las organizaciones, el proceso evidencia serias deficiencias tanto en materia de participación ciudadana como en el método usado para evaluar el material genético de los cultivos editados genéticamente.
En esa línea, denunciaron que el SAG no incorporó propuestas de modificación de la resolución en Consulta Pública ni observaciones sustantivas sobre los riesgos de la edición genética para la biodiversidad y la agricultura. La Consulta Pública (N.º 31.216/2025) se realizó en pleno periodo estival y estuvo abierta hasta el 13 de marzo. Según plantean, esta instancia habría operado más como un mecanismo de validación de decisiones previamente adoptadas que como un proceso participativo real, favoreciendo intereses de empresas biotecnológicas y del sector semillero vinculadas a la modificación genética de cultivos.
Uno de los puntos más controvertidos de este proceso es la autorización del trigo editado genéticamente (GM), aprobada en julio de 2025, sin regulaciones y bajo criterios que las organizaciones califican como arbitrarios. Dichos criterios -basados en una supuesta “equivalencia” con cultivos convencionales- son los que han sido definidos por las propias empresas desarrolladoras de estas tecnologías. Sin embargo, desde el ámbito científico, sostienen que no existe una base sólida para considerar equivalentes plantas que presentan modificaciones profundas en su genoma respecto de variedades convencionales.
RAP-Chile cuestionó además que el SAG no haya considerado los aspectos críticos y los riesgos de las NTG, particularmente en relación con su seguridad y nivel de precisión. María Elena Rozas, coordinadora nacional de RAP-Chile, advirtió que, en la práctica, el trigo editado fue evaluado mediante análisis poco exhaustivos, rápidos y de bajo costo, como es el método de la secuenciación de lectura corta del genoma, para determinar si corresponde o no a un organismo transgénico, lo que permitió clasificarlo como convencional y eximirlo de evaluaciones de riesgo más profundas previas a su introducción al ambiente y comercialización.
Rozas alertó que el no uso de técnicas más rigurosas (WGS por sus siglas en inglés), que permiten detectar posibles fragmentos de ADN extraño, pone en riesgo a la biodiversidad y la integridad de los sistemas agrícolas, especialmente los orgánicos, agroecológicos, biodinámicos y de permacultura.
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