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MÉXICO: Plaguicidas, el enemigo cerca del hogar

(06/08/2010)

IZÚCAR DE MATAMOROS, México, ago (IPS) - "La gente no quiere a la empresa, debiera irse. Ya ocurrió un accidente", comenta un anónimo taxista mientras se traslada a la planta de agroquímicos de la firma Agricultura Nacional, en esta ciudad del sur de México.

La noche del 24 de marzo, el paisaje cambió para los cerca de 70.000 habitantes de este municipio del estado de Puebla, situado a unos 200 kilómetros al sur de la capital mexicana.

Una explosión en la fábrica de insecticidas, herbicidas, fungicidas y plaguicidas del grupo mexicano Dragón liberó 300 kilogramos del insecticida dimetoato que intoxicaron a unas 750 personas.

"La planta está clausurada por el ayuntamiento desde el día del accidente y luego de lo que pasó no queremos que vuelva a operar", señaló a IPS el profesor jubilado José Rincón, miembro del Consejo Ciudadano de Izúcar de Matamoros, formado a raíz del percance.

El dimetoato se usa para la fabricación de plaguicidas. Una exposición prolongada a ese material puede ocasionar irritación ocular, náuseas, mareos, fallo respiratorio e incluso la muerte, según el catálogo de la gubernamental Comisión Intersecretarial para el Control, Proceso y Uso de Plaguicidas, Fertilizantes y Sustancias Tóxicas.

En el complejo industrial, ubicado en la orilla de la carretera, se procesan unos 130 derivados que contienen ingredientes activos peligrosos como el pentaclorofenol, el ácido 2,4- dichlorofenoxiacético, el endosulfán y el paraquat.

La corporación extraía de sus crisoles 14 productos altamente nocivos, 30 marcas bajo el rango de moderadamente tóxicos y otras 37 con el sello ligeramente dañino, según las categorías de la gubernamental Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris).

Esa instancia ha autorizado 7.313 marcas de plaguicidas para aproximadamente 200 empresas, entre ellas transnacionales como la alemana Bayer y la estadounidense Dow Chemical.

"Es una vergüenza que esas sustancias sigan usándose y que el gobierno no haga nada", dijo a IPS Fernando Bejarano, director del no gubernamental Centro de Análisis y Acción sobre Tóxicos y sus Alternativas (CAATA).

"Son ejemplos del rezago de una falta de política pública preventiva en materia de sustancias tóxicas. Nos quedamos con la idea de la autorregulación, de un enfoque neoliberal", acotó.

Esa organización no gubernamental persigue el cumplimiento mexicano del Convenio de Estocolmo sobre Contaminantes Orgánicos Persistentes, firmado en 2001 y en vigor desde 2004, que busca suprimir o controlar contaminantes como dioxinas, plaguicidas y furanos.

El endosulfán está autorizado para su uso en 42 cultivos, como el maíz, el algodón, el fríjol, hortalizas y el café, según datos de CAATA. En 2006 este país norteamericano importó 731 toneladas del insecticida.

Luego del accidente, Agricultura Nacional, que en Izúcar emplea a 200 personas, trasladó 3.500 toneladas de materiales a otras procesadoras en distintas zonas del país.

En las horas posteriores, los opositores a la planta bloquearon la entrada, de lo cual sólo quedan unas carpas. Los papeles amarillos de clausura sellan las puertas de la fábrica.

"Nosotros no sabíamos nada de estos temas, hemos aprendido en el camino de nuestra lucha", contó Rincón.

El Consejo Ciudadano organiza una consulta ciudadana, mientras proyecta una marcha de protesta para el domingo 2 de agosto.

El grupo Dragón, dueño de Agricultura Nacional, se asentó en la región en 1986 para procesar polvo y piedra para fabricar fertilizantes. Pero en 1992 agregó a sus operaciones la producción de insecticidas y plaguicidas.

A partir de esa fecha, un grupo de pobladores empezó la resistencia y tenían razones para hacerlo, por un accidente ocurrido a kilómetros de Izúcar.

El 3 de mayo de 1991 la planta de insecticidas de Agricultura Nacional de Veracruz (Anaversa) estalló en la localidad de Córdoba, a 345 kilómetros al sureste de la capital mexicana, y derramó 18.000 litros de paratión metílico, 8.000 de paraquat, 1.500 de pentaclorofeno y 3.000 de 2,4- diclorofenoxiacético, conocido como 2,4-D.

Este último fue utilizado para fabricar el llamado "agente naranja", lanzado por Estados Unidos a las junglas asiáticas durante la guerra de Vietnam, a finales de los años 60 e inicios de los 70, con graves consecuencias ambientales y sanitarias.

Si bien la tragedia de Córdoba no provocó víctimas, esparció una nube tóxica que transportó dioxinas por toda la ciudad y contaminó también los mantos freáticos (aguas subterráneas).

En toda la ciudad se dispararon los casos de cáncer y otras enfermedades graves, aseguró a IPS la Asociación de Enfermos y Afectados de Anaversa, nacida a causa del accidente y que ha luchado por indemnizaciones y atención médica par las víctimas.

Las muertes derivadas de las consecuencias de la explosión superan las 2.700, según las estimaciones de la Asociación. Por el estallido, la empresa pagó una multa de unos 9.300 dólares, empacó y se concentró en sus instalaciones de Izúcar.

En México existe una maraña legal en torno a las sustancias perjudiciales, pues nueve leyes, 11 reglamentos y 36 normas específicas, de las cuales 20 tratan sobre plaguicidas, se refieren al manejo de éstas.

Con miras a la quinta reunión de la Conferencia de las Partes del Convenio de Rotterdam, el Comité de Examen de Productos Químicos recomendó la inclusión del crisotilo o amianto blanco, el endosulfán y los compuestos de tributilestaño, nocivos para la salud humana, en los procedimientos de ese tratado internacional.

Vigente desde 2004, el Convenio de Rotterdam hace obligatorio el procedimiento de Consentimiento Fundamentado Previo aplicable a ciertos plaguicidas y productos químicos peligrosos. Esto quiere decir que un país debe avisar a otro sobre prohibiciones y limitaciones respecto a una sustancia nociva.

La cuarta conferencia que tuvo lugar en Roma en diciembre de 2008, se acordó dejar fuera a esos materiales, a pesar de la intensa campaña de activistas en todo el mundo. La próxima ocurrirá en 2011 en la ciudad suiza de Ginebra.

En Izúcar, la Procuraduría (fiscalía) Federal de Protección Ambiental resolvió en 2009 que la compañía violó la Ley General de Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente, sin especificar las irregularidades y las medidas correctivas impuestas.

Pero tras el accidente dispuso su clausura por seis meses para practicar una auditoría ambiental.

"Debe fortalecerse la prohibición de productos que está probado que son nocivos. En el país no se aplican los principios científicos de precaución y de sustitución ni hay política de seguridad química", indicó Bejarano.

CAATA elaboró una carta dirigida a Cofepris con un resumen de los antecedentes del endosulfán: prohibiciones en más de 60 países, su status ante el Convenio de Estocolmo e investigaciones en México.

"Hemos escuchado que van a trasladar la planta a otro municipio en Puebla. Esa es una falsa solución, porque en lugar de contaminar aquí lo harán en otro sitio", dijo Rincón.

En Córdoba, la Asociación pidió la remediación del terreno donde operó la fábrica, pero nunca se llevaron a cabo esas tareas de limpieza. En 2007 la tragedia fue la protagonista del documental "El perro que ladra a la luna", de las periodistas españolas Charo Ruiz y Sandra Soler.

En 1996, los pobladores de Izúcar se anotaron un tanto temporal, pues la fábrica fue cerrada por las autoridades, pero logró reiniciar operaciones. Ahora lo mínimo que quieren es una ictoria total.

Fuente:http://sincelejoherald.com/issue/agosto-5-de-2010/article/plaguicidas-el-enemigo-cerca-del-hogar-parte-ii

Foto: Pobladores de Izúcar de Matamoros bloquearon la planta. Crédito: Emilio Godoy/IPS.

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Creciente Fobia Campesina al Uso de Agroquímicos
27/07/2010
Por Matilde Pérez U., La Jornada, Julio 17, 2010


Contaminación de mantos acuíferos y suelos, pérdida de biodiversidad y degradación ambiental son los costos del modelo tecnológico productivista implantado hace cuatro décadas con la llamada revolución verde, basada en la relación recíproca entre semillas híbridas y agroquímicos para elevar, se dijo entonces, la producción de alimentos y terminar con el hambre.

En ese lapso, México pasó de ser exportador de granos –maíz, frijol y trigo, principalmente– a la dependencia alimentaria. Hoy, los resultados productivos basados en el uso intensivo de agroquímicos son cuestionados por organizaciones de productores que están en contra de la siembra de maíz transgénico.

Apenas el año pasado, con un presupuesto pequeño –63.8 millones de pesos– la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa) inició en zonas de temporal de Jalisco, Chiapas, Nayarit, Guanajuato, Michoacán y Campeche un programa piloto para elevar la producción de maíz, grano primordial para los mexicanos, mediante el uso de lombricomposta, menor uso de fertilizantes y técnicas tradicionales de cultivo.

Sin embargo, para la mayoría de los campesinos romper con la dependencia de los herbicidas y fertilizantes es prácticamente imposible, pues, dicen, resulta inviable trabajar la tierra sin ellos, en un mercado dominado por las trasnacionales Syngenta, Bayer, Dupont, Monsanto, Dow AgroSciences, Cuproquim, FMC, Cyanamid, Makhteshim Agan, Sumitomo y el grupo mexicano Agricultura Nacional.

Filiberto Nava, agricultor de Izúcar de Matamoros, Puebla, es uno de esos miles de labriegos dependientes. Acompañado por cuatro jornaleros, carga el costal de semilla de maíz híbrido a la parcela de casi una hectárea que rentó en 4 mil 800 pesos para el ciclo primavera-verano. Antes de que sus ayudantes arrojen las semillas a los surcos abiertos por la yunta atada a un par de bueyes, vacía un granulado verdoso en un par de botellas de refresco, las coloca en ambas manos y utilizadas como un salero deja caer el granulado verdoso a la tierra negra.

Explica que es un nuevo herbicida, más potente que el utilizado el año pasado, complemento casi perfecto para la semilla híbrida de maíz, de color rosado por contener furadan (indicado para el control de insectos y gusanos), y en la que invirtió casi 2 mil pesos.

Confía en que con la combinación de semilla híbrida, agroquímicos, riego y un buen temporal logrará una excelente cosecha para cubrir los gastos y obtener un pequeño margen de utilidad, pues, además de los gastos por la compra de los insumos, debe pagar 130 pesos a cada uno de sus ayudantes, 50 pesos por cada hora de riego.

Otros, como Marcos Francisco Hernández, productor de maíz elotero, y Martín Nolasco Sánchez, cañero, empiezan a dudar de la efectividad de los herbicidas y fertilizantes. Su desconfianza se acentuó tras la explosión, el 24 de marzo, de tres tanques de dimetoato –químico utilizado para elaborar herbicidas y fungicidas– en la empresa Grupo Dragón Agricultura Nacional, localizada en el kilómetro 5 de la carretera a San Juan Epatlán, en la Mixteca poblana, lo que causó pánico e intoxicaciones entre la población.

“A la tierra, que es como nuestro cuerpo, la estamos matando con los herbicidas y agroquímicos”, dicen los agricultores. “Ya no se trata sólo de tener mejores semillas, sino de cómo lograr que la tierra vuelva a tener la resistencia de antes. La hemos adelgazado con el uso de los químicos; es como si a nosotros nos metieran tóxicos en el cuerpo.”

Hace 20 años en los ejidos y propiedades privadas de Izúcar de Matamoros había arrozales, sandías “que se abrían a voluntad de maduras”, jitomates. Ahora, éstos sólo se dan en los invernaderos, los cañaverales sustituyeron a los arrozales y a los huertos de sandía. Los plantíos de maíz son más delicados, la planta sale muy enfermiza; se aloca la siembra, describe Marcos Francisco Hernández.

Menciona que las parcelas cercanas a las instalaciones de Grupo Dragón son poco productivas y considera que es resultado de la contaminación del suelo, pues, se dice que la compañía descargaba ilegalmente sus desechos en el subsuelo. Los dueños de las parcelas dejaron de sembrar porque “las plantas ya no crecen parejas”.

Dragón es una de las 163 empresas, la mayoría mexicanas, que importan algunos de los 322 ingredientes activos de plaguicidas autorizados por el gobierno para elaborar los productos que se ofrecen en más de mil presentaciones. Pero son nueve las trasnacionales que controlan 72 por ciento de las ventas en el mercado, tasadas en más de 700 millones de dólares, ya que no hay información precisa sobre el volumen, ventas y tipos de agroquímicos y pesticidas que se venden en el país, apunta Fernando Bejarano González, coordinador de la Red de Acción sobre Plaguicidas y Alternativas en México (RAPAM).

“Los plaguicidas químicos con su efecto mortífero en las poblaciones de insectos, hongos y malezas aparecen como solución rápida y compatible con las prácticas de fertilización química y variedades de semillas híbridas de alto rendimiento. Son una solución aparente, pues a los que se combate pueden desarrollar una resistencia biológica, y la muerte de insectos benéficos y enemigos naturales conducen al surgimiento de nuevas plagas”, explica Bejarano González.

“Estamos esterilizando la tierra”

En la parcela de Martín Nolasco Sánchez, cañero, los agroquímicos y herbicidas dejaron de tener los efectos positivos, la producción se estancó en 113 toneladas por hectárea, durante varias temporadas. “Me di cuenta de que es una mentira el uso de los agroquímicos; la temporada anterior, después de levantar la caña, dejé que el bagazo cubriera la tierra, como lo escuché en una plática sobre el método de agricultura orgánica, y este año logré 141 toneladas por hectárea. Algunos de mis vecinos están haciendo lo mismo, pues nos damos cuenta de que con los agroquímicos estamos esterilizando la tierra”.

Otros campesinos de la región comentan sobre los efectos del herbicida Coloso. Unos hablan en pro. “Es efectivo para detener la maleza por un tiempo corto.” Otros cuestionan su constante aplicación. “Ha fragilizado la tierra, se vuelve como harina; lo vemos en los canales de riego. Hace algunos años eran de 60 centímetros de ancho ahora son de un metro o más por los desprendimientos”. La mayoría de los campesinos siguen aplicándolo una vez al año en las siembras de maíz, jitomate, calabaza y otras.

Coloso es una de las formulaciones del glifosato, producto registrado en más de un centenar de países. En Estados Unidos se utiliza en más de 60 cultivos agrícolas. Las industrias lo describen como herbicida ligeramente tóxico de uso agrícola, urbano, industrial y jardinería. Según Monsanto, uno de sus principales comercializadores, es uno de los descubrimientos agroquímicos más importantes del siglo XX y el herbicida de mayor uso en el mundo por “efectivo y seguro”.

“Sabemos que nuestras áreas de cultivo están contaminadas, pero ya perdimos el conocimiento tradicional para el uso de los depredadores naturales y no queremos deshierbar manualmente, preferimos los químicos”, comentan los agricultores.

“Hace años, era común encontrar en los campos verdolagas, quelites, pápalo, pero se empezó a hablar de elevar la productividad y de la necesidad de eliminar plagas; empezamos a usar selladores químicos y dejaron de aparecer esas hierbas, consideradas plagas en los cultivos. Ahora hay que comprar las semillas para producirlas en los invernaderos”.

Los campesinos saben que están en un fuego cruzado. El conocimiento heredado por sus abuelos y padres les indica que la tierra se ha agotado por el monocultivo; continuar aferrados a ese sistema productivo implica invertir más en herbicidas y fertilizantes en cada temporada agrícola.

En el país son 12 los plaguicidas de mayor consumo, ninguno está libre de sospecha de causar efectos crónicos graves en la salud, asienta Bejarano. Si bien la industria recomienda que para evitar los riesgos se sigan instrucciones de la etiqueta y las autoridades establecen límites máximos permisibles de cada plaguicida en el ambiente y en los residuos de los alimentos, ambas medidas resultan insuficientes.

“No se trata de exterminar las plagas con armas químicas, sino de crear condiciones para que las poblaciones de insectos, hongos y plantas encuentren un equilibrio dinámico”, apunta Fernando Bejarano.

Aunque en el país avanza la agricultura orgánica, la superficie destinada a ese tipo de cultivos apenas rebasa las 300 mil hectáreas con poco más de 80 mil productores y más de 45 cultivos, según datos de RAPAM y del Centro de Investigaciones Económicas, Sociales y Tecnológicas de la Agroindustria y la Agricultura Mundial.




Noticia Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2010/07/17/index.php?section=politica&article=002n1pol